Cuando el empresario Frank Rainieri apostó a que Punta Cana fuera el lugar predilecto para la explotación turística más extraordinaria e incluyente del país, lo hizo sabiendo de la abundancia de los recursos naturales que adornan la zona, donde “Ojos Indígenas” se destaca como uno de los destinos más visitados en todo Punta Cana y Bávaro.

Es un escondite y escape al bullicio que se produce en la ciudad, por su copiosa natura, caracterizada por manglares, con 12 lagunas para la natación y el río subterráneo, conocido como Yuaga.

La vegetación y los senderos, adoquinados en piedras van diciendo al visitante donde están los manantiales, que en sus lechos, unos se ven azul con los penetrantes rayos solares y otros van cambiando de tonalidad, según se va alejando el sol de las copas de los árboles.

El Yucahú tiene como particularidad que enlaza con otro lago por la vía subterránea, que en su trayecto empujan de rocas en rocas hasta salir a un lago más pequeño.

Dentro del lago hay una aplanada roca, que se asemeja a una terraza, donde los turistas y vacacionistas saltan y bailan la música que brota la naturaleza, representada en el silbato, la pasividad y el aire puro que se toma. Es como una tarima en roca, pero en el lecho del lago de agua cristalina.